He ido al Museo Prado hoy -- durante las horas gratis de la tarde, por supuesto -- como habitualmente hago cuando tengo un poco tiempo libre y las ganas de perderme en los majestuosos pinturas del corte de Velásquez, los ángeles flotantes de Murillo y los jardines escandalosos del Bosco.

Estaba explorando el tercero piso del museo, donde se encuentra las primeras pinturas de Goya, las escenas alegres y felices representando los juegos de niños, los cambios de las estaciones y los amantes felices, cuando me di cuenta de que estaba la sola persona en la habitación. Había una guardia del museo en el rincón de la habitación, pero ella estaba medio dormida y muy desinteresada en mis movimientos.

¡Y que maravilloso era estar allí, sola, yo y las pinturas de Goya solas! Generalmente, encuentro los museos de Madrid espaciosos y confortables. Puedo deambular felizmente, sin preocuparme sobre muchedumbres u horas de mayor movimiento. ¡Y que diferencia hay entre estos ambientes serenos y los museos de Tokio, donde vive mi familia! En Tokio no es posible deambular en los museos de arte; eres llevado con las muchedumbres que muevan como grandes olas de pintura a pintura. Felizmente soy más alta de la gran mayoría de los japoneses, pero todavía la experiencia de visitar un museo suele ser más estresante que divertido.

Durante el segundo mitad de mi tiempo aquí en Madrid, creo que tengo que aprovechar de todos los museos de la ciudad y prepararme para la locura de los de Tokio para que no tenga un ataque al corazón al regresar.