Mi segundo choque cultural sucedió un relajante domingo por la mañana, mientras yo tomaba café en la cocina, vestida de pijamas, y leí el periódico del día anterior. Después de leer la sección sobre la política internacional, las noticias aún más deprimidas de la economía americana, y la sección deportista, decidí de hojear los clasificados, con expectaciones de leer el tipo de anuncio que sería común en el estándar periódico estadounidense: ventas de coche, búsquedas de trabajo o anuncios de perritos. Imagine mi sorpresa, entonces, cuando descubrí una grande sección – más de dos páginas – solo dedicada a anuncios de prostitución. Las chicas describieron sus atributos físicos, sus preferencias en la cama y algunas mencionaron un precio o prometieron que la interacción sería “completamente discreta”. He oído que el estatus legal de la prostitución en España es algo ambiguo y que el gobierno no objeta rotundamente a la solicitud de trabajo por las prostitutas en algunas calles de la ciudad, pero no obstante, fue un choque para ver esta sincera confirmación de la práctica en el periódico diario. Aunque yo considere a mi mismo una persona con un punto de vista bastante liberal, el hecho de que este descubrimiento me chocó talvez significa que yo tenga más raíces puritanas de que pensaba anteriormente.

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